Cómo gestionar una promoción de viviendas con personalizaciones por unidad

11 min de lectura Tabiquo

Introducción

Imagina una promoción de 24 viviendas repartidas en dos portales y seis plantas. La estructura es idéntica para todas: el mismo plano de tres dormitorios, la misma cocina de proyecto, el mismo baño. Sobre el papel es un solo edificio. En la práctica, en cuanto empiezan a firmar los compradores, deja de serlo: el del 2ºB quiere la cocina en isla, el del 4ºA pide cambiar el gres por porcelánico en todo el salón, una pareja del bajo solicita unir dos dormitorios y otro comprador no quiere tocar nada. De repente la promotora no gestiona una vivienda tipo, sino 24 viviendas distintas, cada una con su propio listado de cambios, su sobrecoste y su estado de aprobación.

El sitio donde casi todas las promotoras pequeñas acaban registrando esto es una hoja de cálculo. Una pestaña por planta, una columna por comprador, celdas de colores para marcar lo aprobado y lo pendiente. Funciona durante las primeras semanas y se rompe en cuanto el comercial promete un cambio que el jefe de obra no llega a ver, o cuando nadie sabe si la modificación del 3ºC se valoró antes o después de firmar el contrato. El problema no es la hoja de cálculo: es que la unidad de vivienda no existe como objeto real en ninguna parte. En Tabiquo sí existe, y todo lo demás —estancias, planos, incidencias y variantes de comprador— cuelga de ella. Veamos cómo se monta esa estructura sin dedicarle una tarde por portal.

El error de tratar la promoción como una sola obra

Por qué la vivienda tipo no basta

Una promoción residencial repetitiva tiene una tentación clara: definir una vivienda y trabajar siempre sobre ella. El problema es que el comprador no compra el tipo, compra su piso, y lo quiere distinto. Si la herramienta solo conoce el proyecto global, cada personalización se convierte en una nota suelta que vive en el correo del comercial o en la cabeza del arquitecto. Cuando el aparejador baja a obra a replantear el 5ºB, no tiene un sitio único donde leer qué se cambió en ese piso concreto.

Por eso en Tabiquo la promoción se descompone en unidades reales. Cada vivienda es un objeto ProjectUnit con su propia identidad estructurada: planta (level), portal o escalera (staircase), número de puerta (number) y un código que se compone solo a partir de esas piezas. Si indicas planta 2, portal B y puerta 6, el sistema genera el código 2B6; si no hay portal, junta planta y puerta con guion para que «1» y «1» se lean «1-1» y no el ambiguo «11». Ese código es la matrícula de la vivienda y la usarás en todas partes: en los planos, en las incidencias y en el listado de personalizaciones.

La capa de unidades se activa sola

No tienes que pelearte con ajustes para que aparezca esta capa. Tabiquo la enciende automáticamente cuando el tipo de proyecto es de varias viviendas —edificio residencial o uso mixto— y la mantiene encendida si ya has creado unidades, como salvaguarda frente a una clasificación equivocada. Una reforma de un único piso no se llena de menús que no necesita; una promoción de 24 viviendas los tiene desde el primer día. En el panel de administración aparece entonces el apartado Unidades dentro de la navegación del proyecto, junto a Planificación, Documentos o Incidencias.

Montar 24 viviendas en un minuto, no en una tarde

El generador en bloque

Crear 24 viviendas a mano, una por una, es exactamente el tipo de tarea repetitiva que nadie debería hacer. El generador de unidades pide tres datos: cuántas plantas tiene el bloque, qué portales o escaleras existen (los introduces como etiquetas: A, B) y cuántas viviendas hay por grupo en cada planta. Con eso multiplica y te muestra un recuento en vivo antes de confirmar: 6 plantas × 2 portales × 2 viviendas = 24 unidades. Pulsas generar y las 24 quedan creadas con su código, su planta y su portal asignados.

La numeración la eliges según cómo se identifiquen las viviendas en esa promoción concreta. Hay tres modos: por planta (el contador se reinicia en cada planta, típico de «1ºA, 1ºB, 2ºA, 2ºB»), por portal (el contador corre a lo largo de todas las plantas del mismo portal) o progresivo (una numeración corrida del 1 al 24 para todo el edificio). El generador es además acumulativo, nunca destructivo: si un portal tiene un ático con distribución especial, generas primero el bloque homogéneo y luego añades esa unidad suelta sin que el sistema toque ni renumere lo que ya existía, porque salta los códigos que ya están ocupados.

Las estancias, una vez y para todas

Tener 24 unidades vacías no resuelve nada; cada vivienda necesita sus estancias. Aquí es donde la mayoría de las herramientas te obligan a repetir el mismo trabajo 24 veces. Tabiquo ofrece dos caminos según el momento. Si acabas de generar el bloque y ninguna vivienda tiene aún estancias, usas aplicar estancias a todas las unidades: defines una vez la lista —salón 22 m², cocina 9 m², dormitorio principal 14 m², baño 4 m²— y se crea de golpe en todas las viviendas seleccionadas, con un interruptor para limitarlo a las que están vacías y no duplicar.

El segundo camino es clonar estancias desde una vivienda ya configurada. Montas con calma el «piso tipo» —incluyendo medidas de ancho, largo, alto, tipo de suelo, tipo de techo o rodapié— y copias esa configuración a todas las demás viviendas que aún no tengan estancias. Es la diferencia entre dar de alta un edificio repetitivo en un minuto o ir piso por piso. Para guiarte, la propia tabla de unidades te sugiere este patrón mientras haya alguna vivienda sin estancias, y cuando el proyecto arranca vacío te muestra un estado inicial con los tres pasos del flujo y un botón que lleva directo al generador.

Las variantes: el corazón de la personalización

Una variante por cambio, con su estado y su coste

Aquí está el núcleo del problema que destruye las hojas de cálculo. Cada cambio que pide un comprador se registra en Tabiquo como una variante (UnitVariant) colgada de su vivienda, y opcionalmente de una estancia concreta dentro de ella. La variante tiene título, descripción, coste y un estado que sigue un flujo claro: solicitada → aprobada → aplicada, con rechazada como salida cuando un cambio no se puede acometer. Cada transición deja su marca de tiempo: cuándo se pidió, cuándo se aprobó, cuándo se ejecutó en obra.

Pongamos el 4ºA que quería porcelánico en el salón. Creas una variante titulada «Cambio de gres a porcelánico en salón», la asocias a la estancia salón de esa vivienda, le pones un coste de 1.200 € y la dejas en estado solicitada. Cuando el comprador firma la mejora, la pasas a aprobada y queda registrado quién la aprobó. Cuando el alicatador la ejecuta, la marcas como aplicada. En ningún momento ese cambio vive como una nota suelta: está pegado a la vivienda, a la estancia, con su importe y su trazabilidad. Y si el comprador adjunta un presupuesto de su cocinista o una foto de referencia, esos archivos se enganchan a la propia variante.

Trazabilidad sin esfuerzo

Las promociones generan discusiones meses después: «¿esto se aprobó antes de firmar?», «¿quién dijo que sí a unir los dormitorios?». Tanto las unidades como las variantes llevan un registro de actividad automático que anota los cambios relevantes —título, estado, coste, descripción— con autor y fecha. No es una funcionalidad que tengas que activar ni alimentar: cada vez que alguien mueve una variante de solicitada a aprobada, queda escrito. Cuando llega la pregunta incómoda seis meses después, la respuesta está en el historial de esa vivienda, no en la memoria de nadie.

Todo lo demás cuelga de la unidad

Planos, estancias e incidencias por vivienda

La unidad no es solo una ficha con personalizaciones: es el punto de anclaje de toda la documentación de ese piso. Las estancias se vinculan a su unidad, los planos del proyecto se pueden etiquetar a una vivienda concreta al subirlos, y las incidencias se asocian también a su unidad mediante el mismo campo. Esto importa en obra: cuando el jefe de obra abre una incidencia de humedad en el baño del 2ºB, la ata a esa vivienda. Más tarde, al revisar el 2ºB de cara a la entrega, ve de un vistazo todas sus incidencias, sus estancias y sus planos sin filtrar entre los cientos de registros del edificio entero.

El visor de planos de Tabiquo ya permite clavar incidencias sobre el plano con un punto de color según su gravedad. En una promoción, ese plano puede pertenecer a una vivienda concreta, de modo que el chincheta queda doblemente localizado: en el plano y en la unidad. Para que las plantas cuadren entre unidades y planos, el campo de planta comparte el mismo autocompletado en ambos sitios, así no acabas con un «3» en las unidades y un «Planta 3» en los planos que el sistema no relaciona.

Del despacho a la obra: web y app

La capa de unidades no se queda en el panel de administración. La promotora gestiona desde el escritorio —genera el bloque, clona estancias, aprueba variantes— y el equipo de obra consulta desde la app móvil. La API expone las unidades de un proyecto, su creación y edición, e incluso el propio generador en bloque, además de toda la gestión de variantes con sus cambios de estado. El comprador o el cliente, según los permisos, también puede consultar las viviendas. Cada unidad viaja con sus contadores de estancias y de variantes, de modo que en la ficha del proyecto, en el resumen, un widget muestra la rejilla de viviendas con cuántas estancias y cuántas personalizaciones tiene cada una. De un vistazo sabes que el 2ºB acumula cinco variantes y el 5ºA ninguna.

Conclusión

Gestionar una promoción no es gestionar un edificio: es gestionar muchas viviendas que comparten un origen común pero se separan en cuanto entra el comprador. La hoja de cálculo falla porque trata ese origen común como la realidad y deja las diferencias —las personalizaciones, los sobrecostes, las aprobaciones— como notas al margen. Tabiquo invierte el planteamiento: cada vivienda es un objeto real con su código, sus estancias, sus planos y sus incidencias, y cada cambio del comprador es una variante con estado, coste y trazabilidad. Generas las 24 unidades en un minuto, clonas la configuración del piso tipo, y a partir de ahí cada vivienda lleva su propia historia sin que tengas que reconstruirla a mano. Cuando llega la entrega, no buscas en seis pestañas de Excel: abres la vivienda y lo tienes todo.

Tabiquo es la plataforma web y app móvil pensada para estudios de arquitectura y promotoras pequeñas que gestionan obra de verdad. Si tu próxima promoción son más viviendas iguales sobre el papel y todas distintas en la práctica, deja de pelearte con hojas de cálculo y prueba a darle a cada unidad el sitio que merece dentro del proyecto.

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