Introducción
La certificación es el momento en que la obra se convierte en dinero. La constructora dice cuánto ha hecho, la dirección facultativa dice si es verdad, el promotor paga. Todo lo que en el libro de órdenes y en las actas era relato, en la certificación se vuelve un número con una firma debajo. Por eso es el documento más discutido de un contrato de obra y el que más conviene tener en orden.
Esta guía explica qué es una certificación, cómo se construye a partir del presupuesto, quién la aprueba y con qué responsabilidad, qué cambia con retenciones y anticipos, y cómo la dirección facultativa puede gestionarla desde el móvil con la constructora firmando por enlace. Al final, una comparación con el SAL italiano para quien trabaja en los dos mercados.
Qué es la certificación de obra
La certificación de obra es el documento periódico (mensual por norma general) que recoge las mediciones de cada unidad de obra ejecutadas hasta esa fecha y las valora a los precios del contrato. De ella sale el importe que el promotor debe abonar a la constructora por ese periodo, descontadas las retenciones y los anticipos ya pagados.
La certificación siempre razona a origen: cada una recoge el total ejecutado desde el inicio de la obra, y el importe del mes es la diferencia con la anterior. Un error en una certificación se arrastra a todas las siguientes, que es la razón por la que la primera hay que hacerla bien.
Cómo se construye
- El presupuesto de partida. La certificación se apoya en las partidas del presupuesto aceptado: misma numeración, mismas unidades, mismos precios. Los extras aprobados entran como partidas adicionales con su precio pactado.
- Las mediciones ejecutadas. Para cada partida se registra la cantidad ejecutada en el periodo o el porcentaje de avance. Aquí nace la mayoría de las discusiones: ¿una partida «casi terminada» está al 90 % o al 60 %? La respuesta está en el pliego y, cuando falta, en la comprobación en obra.
- La comprobación de la dirección facultativa. La DF contrasta lo declarado con lo que ha visto en sus visitas y anotado en el libro. Las fotos por estancia y las incidencias abiertas son su contraste: una partida con una no conformidad abierta no está al 100 %.
- Retenciones y anticipos. Sobre el bruto del periodo se aplica la retención de garantía del contrato (el 5 % es lo habitual), se recupera la parte de anticipo y se calcula el IVA. El neto es el importe a pagar.
- La aprobación y la firma. La DF aprueba; desde ese momento la certificación no se toca. Constructora y promotor la firman en señal de conformidad.
Quién aprueba, y qué asume
Aprobar una certificación es afirmar que las unidades se han ejecutado correctamente y en esa medida. Es un acto de la dirección facultativa, no de la oficina que ha preparado la hoja: la oficina prepara, la DF aprueba. Una certificación aprobada sin comprobar expone a la DF ante el promotor si las mediciones resultan infladas, y ante la constructora si el pago se discute después.
Por eso el flujo correcto separa los dos pasos: quien prepara envía la certificación, quien dirige la aprueba, y solo la aprobación bloquea el documento.
La certificación desde el móvil
Con Tabiquo el ciclo se cierra sin hojas que circulan por correo:
- La oficina prepara la certificación a partir de las partidas del presupuesto aceptado, con los porcentajes a origen y el cálculo automático de retenciones, anticipos e IVA.
- La DF la recibe, la contrasta con las visitas y el libro de la misma obra y la aprueba: la certificación se bloquea, se genera en PDF con el membrete del estudio y se sella con su huella SHA-256.
- La DF la firma como dirección facultativa y después pide la firma a la constructora y al promotor con un enlace: sin cuenta, sin instalación. Cada firma registra fecha, hora y dispositivo.
- El promotor ve la certificación aprobada en su app, junto con el avance y las actas.
Una certificación errónea no se corrige encima: se genera una rectificativa, que parte de la anterior y conserva su historia.
Certificación y SAL: qué cambia en Italia
Quien trabaja entre España e Italia encuentra el mismo documento con reglas distintas:
- En Italia el SAL (stato di avanzamento lavori) tiene la periodicidad que fija el contrato, y va acompañado de un certificato di pagamento; en España la certificación mensual es la norma en obra pública (Ley de Contratos del Sector Público) y la práctica en obra privada.
- La retención italiana en obra pública es del 0,5 % y se libera con el collaudo; en obra privada es contractual. En España el 5 % se libera al final del plazo de garantía.
- En Italia firma el direttore dei lavori; en España la dirección facultativa (director de obra y director de ejecución). La lógica es idéntica: quien dirige certifica, quien ejecuta acepta, quien paga se da por enterado.
- El IVA es del 21 % en España (10 % en muchas reformas) y del 22 % en Italia (10 % en casos análogos).
Tabiquo calcula el certificado con el tipo impositivo y la terminología del país del equipo, así que el mismo flujo produce una certificación en Madrid y un SAL en Milán.
Errores frecuentes
- Aprobar sin comprobar. La firma de la DF vale como certificación, no como enterado.
- Porcentajes a ojo. Sin un criterio escrito para las partidas parciales, cada certificación es una negociación.
- Olvidar los extras. Un extra ejecutado y no incluido es un crédito de la constructora que reaparece al final, cuando más duele.
- Corregir encima. Una certificación aprobada y luego modificada ya no prueba nada.
Conclusión
La certificación es la firma que convierte la obra en pago. Preparada por la oficina, comprobada y aprobada por la dirección facultativa, sellada y firmada por las partes, es un documento que aguanta. Hecha en una hoja que circula por correo, es el principio de la siguiente reclamación.
Mira cómo la dirección facultativa aprueba y firma la certificación desde el móvil en la página para la dirección facultativa.